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La berenjena

Considerada en la Antigüedad como una planta decorativa y no como un alimento, debido a su sabor amargo, fueron los árabes quienes la convirtieron en la protagonista de los mas exquisitos platos y la llevaron a las mesas de Occidente.

De la familia de los tomates, papas y pimentones, la berenjena es una fuente de fibra, vitaminas A, B y C, minerales y antioxidantes. Estos últimos, son compuestos químicos presentes en las plantas y verduras que ayudan a evitar el daño que producen los radicales libres, moléculas que atacan a otras células produciendo daños en el organismo.

Cuando comemos berenjenas ayudamos al:

Corazón: sus antioxidantes ayudan a tener una presión arterial más baja, a reducir la rigidez de las arterias y, por lo mismo, disminuir los riesgos de enfermedades al corazón.

Cerebro: el nasunin, antioxidante que le da su color morado, ayuda a proteger las membranas de las células del cerebro y lo ayudan a funcionar, permitiendo que entren los nutrientes, salgan los desperdicios y lleguen las instrucciones de las moléculas mensajeras que le dicen al cerebro qué hacer.

Vista: la luteína, otro antioxidante presente en las berenjenas, ayuda a la salud de los ojos previniendo los daños en la mácula, que puede provocar la pérdida de la visión en las personas mayores.

Colesterol: al ser una verdura rica en fibra, ayuda a reducir los niveles de colesterol y a mantener los niveles de glucosa en la sangre. Tiene además ácido clorogénico, otro antioxidante que puede disminuir los niveles de colesterol “malo” y reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad del hígado graso.

Entre podemos hacerlo